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martes, 19 de agosto de 2014

CANCIÓN DEL INSOMNIO.





Apagas la luz y dejas caer la cabeza en la almohada, ahí es cuando todo empieza. Tus parpados se cierran activando el cuestionario vitalicio que desbanca el sueño y mantiene viva eternamente a la incertidumbre. 

Y la rueda de preguntas se dispara acribillando tu subconsciente... en su estela de metralla, resuena en eco todo el hormigón que cimenta nuestras dudas culpables de nunca dejar avanzar, de dejar vivir.

Buscando una media naranja cuando nunca nacimos incompletos, anhelando objetos y paredes ajenos a llenar nuestras expectativas y a cobijar nuestras almas. Y pensar, ¿es lo que yo quiero? o ¿tengo que hacer esto?; para repartir responsabilidades entre cabeza y corazón sin criterio, mientras esquivas un ¿necesito realmente lo que tengo? o ¿por qué no soy capaz de tener valor para... así es nuestra nana, la canción del insomnio. 

Con los ritmos del sudor frío y la taquicardia, con el control y la opinión gratuita de los que saben de todo y no predican con el ejemplo. Nadie dijo que fuera fácil.

Y a veces es el caos el que educa, y hace florecer el sentir de un camino que nosotros mismos nunca terminamos de empezar, o no queremos ver, con telones de sueños imposibles para poder conciliar el sueño cada día. 

Sera cuestión de quitar capas de piel y reconocernos, será momento de volver a ver el yo.

miércoles, 13 de agosto de 2014

AVE RAJOY, LOS QUE VAN A MORIR...











Posee un fenómeno atmosférico caprichoso, capaz de encapotar los cielos sobre ti y descargar toda la tormenta en segundos. Tiene ese olor metálico a sangre fresca, al menos de corte superficial salvo ocasiones en las que puede salpicarte coagulada. Tiene perfume a odio con trazos de envidia y un fondo de armario teatral, digno del reparto de Hamlet, donde las máscaras venecianas son el atrezo indispensable. Es un lugar... un lugar más crudo que la arena del coliseo, gobernada por diablos con piel de caciques expertos en la tortura y la humillación. Donde nadie perdona y todo vale. Donde los principios morales y la integridad quedan incautados en las puertas. 

No me estoy refiriendo a la frontera de Gaza y Cisjordania y mucho menos al mismísimo Infierno de Dante. 

Estoy hablando del trabajo.

Un lugar hoy en día en el que solo sobreviven los mejores mercenarios y aquellos que carecen de papilas gustativas para comer culo sin vomitar. Bendito trabajo, castigo de Dioses; secuestrados en las plantaciones de algodón del futuro para nutrir con el tuétano de nuestros huesos el limbo terrenal al que llamamos INEM, un lugar donde todos los vencidos en estado comatoso esperan a morir o a tener revancha. Una revancha convertida en utopía cuanto más de ellos crecen en número.

Trabajo, la secta social huérfana del padre del consumismo y la madre del socialismo utilizado como arma arrojadiza en su propia batalla, siendo causa perdida o proyecto de "hermano mayor". Una vez dentro nunca sabes si hoy será tu último día, ese día donde tu cuello será rasgado por la espada de Damocles, vendida al mejor postor empresarial con la bendición de los dioses del Palacio de Congresos. 

Ya no hay credo ni trofeo, ya no hay juicio de valor. Solo un dedo a azar será verdugo para crecer la estadística de carne trémula. Solo queda ser más que hoy y superar la criba del destierro. Y esperar el diluvio que arrase sus cimientos, pues otra forma de trabajar siempre es y será posible.

viernes, 1 de agosto de 2014

EL SÍNDROME DE LA VIEJA DEL VISILLO







Mira bien la paja del ojo ajeno porque donde fueres haz lo que vieres y sin duda un hombre precavido vale por dos... 

Nos falta llevar camisetas con el slogan "si me juzgas me controlas, si me asustas me vences". En la reválida que periódicamente nos examina estamos aprobando con truco, convencidos de ser aparentemente liberales para no caducar moralmente. Para no sentir que el traje del progreso nos queda grande; apoyando estatutos panfletarios que en la intimidad de la casa no nos convencen. 

Somos liberales y modernos de boquilla hasta que nos salpica en casa. No hacemos mueca hasta que lo sufren nuestras propias carnes. 

Humano en la calle y racista en casa, solidario en público y egoísta en privado, democrático en sociedad y extremista en la alcoba, neutral en el trabajo y machista en el salón... e incluso a veces inexplicablemente el mismo caso pero a la inversa.

Por eso, porque no hay vergüenza de conciencia pero sí de comunidad. A pesar de vivir cada vez más insociables nos duele demasiado su opinión. Quemamos calorías montando funciones de falsedad en vez de dar la cara y echarle huevos a lo que los ideales propios dan de comer a nuestros corazones. 

Lo único que nos representa como marca España es la ambigüedad, el tupido velo que muestra lo que no es. Y así no se puede acabar ningún proyecto con unos cimientos dignos de no ser el resort vacacional de los acaudalados, la broma del progreso o el burdel de Europa. 

Menos quejarse en los bares y más coger el toro por los cuernos que decorando nuestras autopistas no soluciona absolutamente nada. 

Si tan aparente es ver el país tan fragmentado mas imbécil es pensar que podría funcionar así, como si fuéramos el hermano tullido de los Estados unidos. Ahora la moda es un "Podemos" pero para poder hay que hacer, y el ser honesto con uno mismo es la línea de salida. Yo lo cambiaría por un "¿Queremos?" y empiezo a regalar honestidad, ¿y tú?

jueves, 31 de julio de 2014

PIDA POR ESA BOQUITA...









Viva España, viva el Rey, viva... el referéndum a granel.

De pequeños nos frustrábamos por intentar discutir con nuestras madres el no ir al cole para quedarte en casa jugando con los regalos de reyes… de pequeños. Algo normal cuando derechos y deberes no está en su razón. 

Lo cómico es cuando el resultado es similar en un país entero que se enfadada y no respira porque de repente apesta la monarquía y se debe erradicar ya, no vaya a ser que se nos pase el calentón.
Para eso habría que conocer las reglas del juego al que todos quisimos pertenecer, el juego de la Constitución. Esto es algo muy serio, no se puede cambiar de antojo como se saltan las normas del Tute en cada mesón. 

Si uno no quiere Rey que vote al partido que no lo quiere, si uno quiere independencia ídem; basta ya de reclamar opinión cuando la voz del ciudadano esta en las urnas, sordas con más del cincuenta por ciento de abstención. Esos días en los que la gente busca mil excusas para no ejercer su deber y acaban de tertulia o merendola cambiando su voz por un día de relajación.

Salimos a la calle con la antorcha en la mano porque está de moda ser republicano, el mismo que vive su realismo en la cuna del consumismo. ¿Somos consecuentes o niños de rabieta rechinando los dientes? El ideal político es fiel, con ADN propio e intransferible, aunque nos empeñemos en mostrar un interés voluble que baila “La Yenka” según marca el ritmo nuestro rasero tan flexible. 

Damas y caballeros esto no es un juego, y para elegir solo hay un camino a seguir. Y si la pose es de llorón pues con cojones reclamar un cambio de constitución. Ya está bien del "Ahora sí, ahora no", de pedir sin compromiso y no luchar por el cambio, con canciones de patio como “el político esta para eso que ya tengo yo bastante con trabajar" anclados en la sin razón.

Porque esto no es la televisión, con 12 referéndum 12 causas y cada mes pedir por esa boquita o entramos en la revolución. ¿Seguimos gritando al aire o ponemos una solución?

EL GEN PERDIDO





Erase una vez una desaparición, originada en la evolución de la especie humana. Mas particularmente en el campo visual, alojado en la superficie del globo ocular.

 A lo largo de los siglos en los que fue sacando ventaja a la hora de evolucionar fue ganando y perdiendo aplicaciones dibujando un genoma cada vez más complejo, más humano. Aquellos que acabaron saliendo de la ecuación fueron consecuencia de la propia adaptación de la especie, de su entorno. Otros sin embargo simplemente llegaron tarde a la convocatoria y quedaron abandonados hasta desaparecer.

Esta característica sin nombre formó parte de los seres humanos, mas particularmente de su vista, hasta que un buen día dejó de aparecer abrumada por su egocentrismo. Una fina capa de proteínas compuesta de esperanza y empatía era la encargada de dar otro enfoque; algo así como la encargada de ver "el lado bueno de las cosas", característica indispensable en todos los logros morales que cosecharon y dieron forma a la sociedad actual. Con el mismo estigma que hoy en día posee el meñique del pie, cuando se quiso echar cuenta esa membrana se había esfumado. Volatilizado. 

A fecha de hoy se ha perdido ese dogma de fe capaz de disgregar los talentos, de alargar la vida en proyectos imposibles y de encontrar las flores que crecen en la basura. Porque ahora todo está estipulado. El rasero es más estricto que nunca y la exigencia es neonata. Las vidas no son vidas si no son perfectas y los sentimientos... los sentimientos salen a la luz con fianza y aval.

Claro está que hubo un momento en el que perdimos el norte e instauramos el tener todo con carcasas de oro y lentejuelas, sin reparar en lo que contiene.

Rechazando el instinto de aprendizaje por ensayo y error. Involucionando para ser mas vagos de corazón. Pecando de comernos un mundo diurético y desnatado.