Un aliento de Verdi entra en escena como
un escape de gas, zumbando al nivel sonoro de un tábano y chorreando calidez
toscana. Cientos de personas con pasados comunes y lazos sanguíneos se mueven
en compás disfrazando el rostro del alma, imantados entre sí dibujando elipses
de armonía en el aire. Estamos en El Baile de Máscaras.
Parte indispensable del festival de
complementos creando el armazón propio. Mas
importante incluso que un reloj, o un teléfono móvil. Denuncia social del
atuendo que todos tienen y que todos denuncian. Cómico.
Miras el espejo arreglado, estimando los
últimos retoques mientras se escapa esa mirada congelando el tiempo, activando
tu complemento, y sales de tu guarida dejando atrás cualquier muestra de
naturalidad, preparado para el baile de máscaras.
En la pista de baile más grande que
existe salimos con fuerza a intentar sobrevivir otro baile más, necios por no
luchar para romper la pista.
Consecuencia de estar programados de base
con mandamientos de aromas cobardes y obligados a buscar la defensa de
cualquier objetivo. Es lo que ves desde que tienes edad para imitar. Si a veces
te aborda el despiste, será la máscara ajena quien despierte tu propia máscara.
Contagiándola para danzar en su comunicar, interpretando los guiones que avergüenzan
nuestro orgullo de ser actor galardonado. Enseñando realidades paralelas para
censurar la voz y el alma, que tienen que callar...
Una vez más concedan este último baile,
saltemos al patio de luces día tras día y castiguemos en el desván al amor, la
fraternidad y la amistad. Hágan bien pues debemos engañar a los corazones que
nos deben alojar. Solo el tiempo perdonará la falsedad. Enseñen sus personajes y condenen con hipocresía
cualquier atisbo de humanidad, de sinceridad y de cruda realidad.

Hagan bien pues debemos engañar a los corazones q nos deben alojar. Solo el tiempo perdonara la falsedad......Preioso!!!
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