Translate

lunes, 27 de abril de 2015

CARDIO-ELECCIONES



No sé, no se... desde que tengo el USB de carne por estrenar, ahí está el dilema. Con un simple "este juguete o este" comenzó todo.

Un sistema operativo con aires inútiles de futurólogo, activado en varios segundos donde el sujeto se bloquea (unos más que otros) e intenta jugar a las probabilidades predictivas.

La ELECCIÓN.


Bastarda y sin guiones, con la maldición de la ausencia total de confianza hasta el fin de los días.
Frustrados la mayor parte de veces que, con la duda, no dejamos desaparecer la estadística de lo que pudo ser; a veces tatuado de por vida en el apartado de "destinos alternativos por la no elección" (D.A.N.E).

Conforme vamos acumulando puntos estrella los utilizamos en ocasiones muy banales, fáciles de elección, con vicio adquirido por el tocomocho del resultado y con la orfandad cara a las decisiones importantes donde no dejamos nunca existencia teórica.

La imprudencia del auto-galardón nos impacienta. La consecuencia siempre queda en los pilares decisivos donde determinas tu camino y al final se lacra la letra pequeña;explicando la inconformidad de no vaticinar como hubiese sido otro destino elegido. Que galimatías.

El atajo siempre será convencer de tus decisiones a la espalda ajena, pero ADVERTENCIA: el que deja que hurguen su nariz acaba por no reconocer sus propios mocos.

Total, la elección nos completa y nos forma. Es la oposición perpetua a buscar las aguas tranquilas a pesar de nunca entender que nacemos y morimos mar adentro. Con sus corrientes y sus tifones.

Elegimos y somos. Y cuanto más lo hacemos, mas nos definimos.

#chooseyourself

#yomequejodemismiseriasqueparaesolasheelegido

#elegirelcomodindelpúblicodeberíaestarlimitado

#haberelegidomuerte...

viernes, 24 de abril de 2015

OIDOS SORDOS.

 
 
 
 
 
 
Amanecía en la aldea. Un horizonte luminiscente activaba a los animales de granja que parecían estar programados como despertadores. En la última casa, al lado de la desembocadura del río no les iba a pillar desprevenidos; tiempo antes ya estaban sus ocupantes activos. El señor Torremocha y su perro Tranchete, son los habitantes de la aldea responsables de abastecerla de leña para el frío invierno. Sus labores, acumular tal remesa de troncos para que los 94 habitantes solventen los meses más fríos.

Conforme iban llegando los aires mas gélidos todos los aldeanos visitaban al Sr. Torremocha para pedir su leña con antelación, y de buena mañana, pues desde hacía unos días marchaba bosque adentro con Tranchete y hasta el medio día no volvían. Siempre cargados de plantas, hongos y demás materias que la madre naturaleza les proveía; Torremocha era un experto en haberes "herbolarios" y junto a Tranchete, gran buscador, no había hierba que se resistiera.
Dicha aldea era famosa por ser la única en el mundo que albergaba la mayor colección de silbatos artesanales, una tradición ancestral que todos los aldeanos creaban orgullosos como si de un dogma se tratase.

Una semana al año, se festejaba una peculiar cabalgata musical donde todos recorrían el trayecto del río que atraviesa la aldea, para acabar en el límite del caudal tocando una peculiar melodía compuesta por un centenar de silbatos.

La fiesta estaba cerca, en unos días tendría que estar todo preparado.

Algunos rezagados buscaban todavía al Sr. Torremocha para pedirle la madera especial de la cual se elaboraban los silbatos, una madera que solo él y Tranchete conocían. Toda la aldea dependía de él para tallar cada año esos silbatos que componían la festividad.

El día antes del acontecimiento el Sr. Torremocha repartió toda la madera con fin artesanal, todos tallaban sus silbatos y esperaban con júbilo el festejo.
Justo la noche antes el Sr. Torremocha junto a Tranchete se adentraban en el bosque para pasar las fiestas lo más lejos posible, no eran muy amantes del festejo y el pobre Tranchete vivía un infierno de sonidos agudos de lo más doloroso y desagradable. Como acostumbraba, dejaba un mensaje en la plaza del pueblo exponiendo su malestar el cual año tras año pasaba desapercibido en la ignorancia del pueblo, incluso siendo parte indispensable para su celebración.
Un frío amanecer cayó sobre la aldea, con aire festivo, pero en contra de la pura tradición todos sus habitantes se encontraban algo mareados, como si de una pandemia de apatía se hubiese desatado. Tras avanzar el día y empezar los festejos todo fue discurriendo con puntualidad; adornaron la plaza del pueblo, se celebró una comida en ella y pasaron una sobremesa de juegos y licores en honor a su tradición. Ya entrada la noche, se dispusieron a realizar la procesión donde recorrían toda la aldea para acabar en la desembocadura, con sus silbatos preparados y sus melodías ancestrales. Un sin fin de musicalidad que resonó por toda la comarca hasta que se fue apagando al llegar la madrugada.

A la mañana siguiente amaneció la aldea vacía, como si todos los habitantes se los hubiese tragado la tierra. Aquel lugar se convirtió en un pueblo fantasma y nunca se volvió a ver habitantes allí. Decenas de casas deshabitadas acumulando polvo en una estampa congelada, como si en cualquier momento fueran a aparecer todos sus habitantes...

Años después, un marchante que viajaba por la zona llegó hasta la aldea. Asombrado por su silencio, fue recorriendo todas y cada una de las callejuelas hasta que la inercia le hizo llegar a la plaza central. Allí, con el aspecto del azote de las condiciones meteorológicas, se podía ver un despliegue de mesas con todo el resto de un gran banquete. Vacío de vida e inerte.

Aquel marchante, impactado por la imagen, se acercó observando toda aquella estampa sin sentido. Justo en el medio de la plaza, clavado a un mástil representativo de la aldea había un pergamino bajo una pequeña techada que parecía iluminarse sobre toda la plaza. Se acerco atraído por su semblante y escrito en él pudo leer estas palabras:

《Soy el Sr. Torremocha. Imploro otro año más la posibilidad de poder trasladar la fiesta de los silbatos lejos de mi casa.

Como todos ya conocéis tengo cierta sensibilidad auditiva, al igual que Tranchete por su condición de perro, y sufrimos bastante cada año haciéndonos huir de la aldea y pasando la noche al raso en el bosque. Teniendo en cuenta que ya son más de diez años de sufrimiento, es una situación insostenible con la dedicación total de mi trabajo por todos vosotros. Por proporcionar las maderas que necesitáis y sobre todo por la completa ignorancia a mi petición de cambio año tras año.

Pues bien, he querido una última oportunidad en mi interminable paciencia de vuestro cambio. De vuestro egoísmo.

Toda la madera que me habéis pedido va impregnada de un ungüento que al tallarla absorberéis un tóxico. Tiene una duración estimada de dos días su efecto.
Si leéis esto y hacéis caso a mi petición estaré encantado de proporcionar el antídoto a todos y bendecir el festejo que tantos años Tranchete y yo nos hemos visto perjudicados.

Si por el contrario volvéis a ignorarme, acabareis desorientados al hiperventilar con los silbatos y caeréis, junto a mi morada, arrastrados río abajo por la crecida que cada año inunda el lugar del fin de fiesta.

Como de costumbre estoy en el bosque si queréis buscarme.

                                                                                                                         Fdo. Sr. Torremocha.
Felices fiestas.》

Aquel marchante, desencajado y sorprendido, corrió atravesando la aldea en busca de la casa del Sr. Torremocha. Allí no había nadie.
En el porche, junto a la puerta principal, había cientos de botecitos con un líquido y un maltrecho cartel donde se podía leer: ANTÍDOTO.

En un intento de asimilar el suceso, el marchante esbozó media sonrisa y en voz tenue dijo entre dientes "por primera vez, cambiaría el refrán de A Palabras Necias por Palabras Desesperadas..."

lunes, 2 de marzo de 2015

EL VIRUS DEL BETÚN



Se copia la frecuencia. Un bucle de sonido FM con arena acústica se estrangula en el cuello, negando el riego por detrás de las orejas.
Damos cuenta de su presencia cuando esta encolado en las paredes neuronales. 


Los estigmas eléctricos, en su baile circular, te marean con la corriente excesiva; un spam hecho a medida te chamusca tus conexiones calcinando el mensaje de cordura, y comienza la emisión caótica...


La programación perpetua emite mensajes de campaña de forma incesante, con un "todo me va mal" de la mano de "con todos discuto" y sin olvidar el "nadie me entiende". Una y otra vez.
Con el engrudo negativo al cuello se pasa a ser un huésped de una forma de vida negra y virulenta. Las medias tintas y los pasos cobardes solo alargan la agonía del ahogado. El enfoque esta precintado, no sirve para tener la perspectiva, y te hunde en tu paranoia movediza. 


La inequívoca señal del Armagedón Anárquico es la necesidad y necedad de alejar a todos de nuestra zona vip, sellándola a cal y canto, con el tanque de combustible lleno del octanaje erróneo y creando una bomba sucia con más consecuencias que la propia existencia.


Una solución posible requiere de un punto de vista a la "Americana", con sus espasmos sobreactuados y algo de explosiones. Con pose yihadista, se tiene que dinamitar el cimiento maestro y reconstruir el principio sin andamiaje.
Volviendo a temer, a tropezar, a descubrir, a aprender a capturar los momentos necesarios que curan el espíritu y reblandecen las callosidades culpables de dificultar la entrada a nuestro patio trasero. 


La vida no huele igual si la vulnerabilidad no se pierde frente a los que tu corazón depende. No sanan nuestros "Cuasimodos" internos hasta que los que nos aman aportan otro prisma mas real al nuestro.
La respuesta requiere visión espacial; en medio de toda la madeja incide tomar un impulso extracorpóreo y así ver con tus propios ojos la menestra de caos que has creado a tu alrededor.
Dejando un rastro contaminado del petróleo que rezuma por tu frente y no toleras más dentro de ti. 


Si se ve es la parte fácil. 


El chapapote tarda mucho en mermar, en desaparecer. Y si la buena estrella te acompaña, la esperanza será el impulso a una maratón de trabajo que a muchos les cuesta el tiempo de una vida.


Triunfo del alma es el volver a estar desintoxicado de este alquitrán embozado. Con la lucha de sangre sin ser pensada, con la guerra de vivir usando el exprimidor que licua la felicidad. Para beberla a sorbos pequeños si no queremos estar ebrios y volver a naufragar en aguas negras. 


Al final es el mismo germen que lleva siglos intentando boicotearnos, causa de ser el casi organismo perfecto, lo que ocurre es que nos empeñamos constantemente de bajar de categoría.

martes, 3 de febrero de 2015

SPANISH HISTORY Ñ

Esta redacción la hago por encargo de mi tutor, para que no me suspenda, por entregar el trabajo de "Mi abuelo, las Mama-Chicho y España. Un antes y un después" en referente a la redacción que nos mandó sobre nuestro país y su reflejo en la sociedad.

Soy Danko y soy de Aluche. Esta en Madrid, es un barrio que mola. Tengo 17 años, me llamo así porque mi padre era un flipado de las películas de acción y "Danko calo rojo" era de sus preferidas. Como fue él al registro ese fue el nombre que me tocó.



Las referencias tomadas por mi abuelo fueron válidas, me documentó a la perfección. Como mi profesor considera que es una burla y una ofensa, tengo que repetir la redacción con otro enfoque. La voy a hacer sobre mi hermano mayor, Fénix, que salió hace unos días de la cárcel. Ahí creo que mi padre no hiló muy fino, pues su nombre acabó por hacer que el personaje se apoderase de él, aunque los planes no le solían salir bien ni tenía una furgo negra con una ralla roja.


Mi hermano creció en un barrio más difícil del que viví yo, se buscó la vida arrastrado por las bandas de su zona, en Madrid Sur, un polvorín a finales de los 80. Mi abuelo siempre dice que en aquella época era un nido de rojos y drogatas, y que por la noche no se podía ir por la calle. Fénix creció entre esas bandas y se pasaba todo el día en la calle. Estuvo en dos; una de raperos que pintaba por las paredes y otra de fachas que se dedicaban a liarla. Muy ideológico nunca fue, mi madre siempre ha dicho que sus principios se vuelan con cualquier viento que le refresque.  A veces venía con cosas que no eran suyas, para venderlas, otras veces lo que traía era un ojo morado o la espalda llena de moratones. 



Yo lo recuerdo como un perro callejero hasta que cumplió los 18, a partir de ahí empezó su etapa de buscavidas. Como tiene mucha labia siempre la aprovechó con las mujeres. Su primera novia fue una mujer de cuarenta y tantos años. Le compraba mogollón de ropa, relojes, zapatillas de deporte…; cuando hablaba de ella no era como si fuera una novia. Sacó lo que pudo hasta que el marido los pilló y se llevo la del pulpo.


Luego se fue al sur, a Cádiz, y ahí estuvo viviendo de una mujer en otra hasta que se metió en unos negocios con una chica que era militante de izquierdas y su padre era concejal. De esa si se enamoró, pero era igual que él y la cosa no acabó muy bien. Se dedicaban a vender material de las obras públicas a constructoras, hasta que se les fue de las manos, y los pillaron intentando vender dos toneladas de alquitrán que iban destinados para asfaltar una carretera comarcal. Se las ingenió para escurrir el bulto y la culpa recayó sobre la chica. Tenía una habilidad bestial para pisar charcos y salpicar a los demás. 



Más tarde volvió a Madrid y como se había acostumbrado a llevar la palestina se juntó con unos okupas en el barrio de Lavapiés. En poco tiempo empezó a trapichear otra vez, tanto que los okupas acabaron por echarle a patadas del grupo. "Demasiado dinero sin compartir" me decía él. Ahí se relajó un poco y estuvo más en casa. Mi madre encantada porque su Fénix estaba con nosotros. Y tanto, medio barrio de Lavapiés lo estaba buscando para machacarlo, había timado a todo tío viviente con una rasta en la cabeza.
Fueron unos meses hasta que de nuevo volvió a volar. Al final se quedó aquí, se hizo con la casa de una vieja que se murió y se las arregló para dejársela en herencia. No perdía el tiempo, solo se la tuvo que tragar unos meses antes de su muerte y ahí que heredó...


Para mí fue cuando se convirtió en mi héroe, un auténtico pedestal. No había estudiado por empezar a trabajar al morir mi padre, por ayudar en casa, y al final ni trabajo ni ayuda; solo consiguió falsificar unos documentos cuando falleció mi padre haciendo como si la causa fuera por el aceite de colza, que fue por lo que murió el hermano de mi padre. Intentó cobrar una indemnización que nunca llegó y al final se convirtió en la excusa para cuando mi madre se enfadaba. Hasta en eso me alucinaba. Era como la hablaba, conseguía embaucarla hasta que se sentía culpable por no haber hecho nada en realidad. Después volvía a las andadas y hasta más ver.


Me hizo creer como un padre nuestro que la inteligencia y el esfuerzo era perder el tiempo comparado con ser un listo. Me sentía aburrido y estúpido yendo a clase todos los días mientras mi hermano se levantaba a la una de la tarde, se liaba a hablar por teléfono y a las diez de la noche tenía dinero en los bolsillos. Increíble. 



El “petardazo” no tardo mucho en llegarle. El destino fue el que se encargó de enlazar, como siempre dijo mi madre, el hambre con las ganas de comer. Un bala perdida de sus amigos andaba metido en líos muy gordos con un grupo de polacos; necesitaban una gran cantidad de oro para llevar a su país y, casualidades de la vida, mi hermano Fénix llevaba unos meses tonteando con una gitana que su padre tenía un local de Compro Oro. La pobre cayó rendida a sus pies y en cuestión de semanas le pegaron un palo al padre que todavía siguen preguntando por Fénix en el barrio. Arrasaron con todo; apañó con la banda y de esa mi hermano se llevó mucha pasta, a la gitana y un destierro del barrio de por vida. Por su culpa nos rompieron los cristales de la casa varias veces, menos mal que al final se cansaron.


Esa fue la última vez que le vimos antes de salir de la cárcel. Una mañana sonó el teléfono en casa, lo cogí yo, y me dijo que le pasara con mi madre. Después de 5 minutos de conversación con mi madre llorando me contó que lo habían cogido por robo y que estaba en los calabozos de Plaza Castilla. Intentó en vano usar a mi madre de coartada pero le habían pillado bien. El juicio fue muy rápido y tuvimos que pagar un abogado que literalmente nos arruinó pues toda la pasta del oro se la había pulido.


Cuando vi a mi madre destrozada fue cuando pensé por primera vez que mi hermano la estaba cagando con todo el equipo, mi devoción por él no me dejaba ver la realidad. Yo para entonces discutía a diario con mi madre para dejar de estudiar y abrirme camino en el mundo, quería seguir sus pasos y vivir la vida. La vida que a costa nuestra él pudo vivir. 



Solo fui a la cárcel una vez durante los cuatro años que estuvo preso, en Alcalá Meco, y fue al mes del ingreso. Aquella imagen me impactó, todo lo que supe extraer de aquello fue que o lo hacía mejor que mi hermano o me acabarían jodiendo vivo. Tuvo mucha suerte. Le cayeron cuatro años y pico cuanto tenían que haber sido más. El único testigo que pudo culparle murió y, tras chivarse de los demás, le redujeron la pena. Fue otra de sus jugadas maestras pero esta última le iba a hacer pagar todo lo que antes se libró.


El mundo es un pañuelo y entre rejas ese pañuelo va lleno de mocos...



Había más de un pieza, con músculos hasta en las orejas, pasando un tiempo a la sombra por la gracia y obra del gran Fénix. Mi hermano había pasado de hacer la peineta y salir corriendo a estamparse contra un muro. Tuvo que aprender de nuevo a existir. Toda su palabrería, su chulería y su habilidad para esquivar se quedaron en humo con las palizas, violaciones y demás putadas que su nueva casa le ofreció sin pedirlo. Buscó protección una vez entendió que hinchar el pecho le hacía un blanco fácil y, aun así, no captó demasiado pronto que la filosofía Fénix era contradictoria para sobrevivir ahí dentro.


Su realidad, una doctora de la prisión a la que acostumbró a visitar malherido; su perdición, un carácter mas cara dura que el suyo propio. Sufrió una gran dependencia hacia alguien como tantas y tantas veces él utilizó para su beneficio. Ella fue quien le hizo ver. 



Se arrimó a un argelino, que estaba para 3 años por reyerta, y desde entonces fue cuando nos pidió que no fuésemos más a visitarle. Se metió en cocina con el tal Said, para rebajar condena y mejorar en conducta; aunque él no lo sabía su empeño en conquistar a la doctora fue la causa de no acabar con un pinchazo en el costado criando malvas.


"He visto la luz, Danko" fue lo primero que me soltó cuando pudimos hablar a solas. Vi en sus ojos algo que nunca pensé que podría ver, miedo y arrepentimiento. Estaba derrotado, algo como ser libre no había conseguido una pizca de alegría en su cara y solo pude ver un pelele que decía ser mi hermano. El gran Fénix.



El día que salió por fin estuvimos todos juntos en casa, cenando en familia, algo que nunca había visto. Mi tío Alberto trajo una botella de Cardhu para celebrar su libertad, y allí estábamos todos experimentando un momento hasta aquel día desconocido: la sobremesa. Con risas, batallitas y brindis hasta acabar la botella. Cuando el resto estaban con los mofletes bien rojos mi hermano y yo salimos a la terraza a fumar. Me estuvo preguntando por todos los líos y con los que me junto ahora. Casi acabamos discutiendo.


Después de discutir con medio paquete de tabaco a cuestas me dijo que si seguía así acabaría como él. Me empezó a contar todas las putadas de la cárcel y todas las cosas malas que había hecho. Poco a poco el miedo lo fui cogiendo yo. En resumen, la cárcel era lo que había salvado a mi hermano de acabar muy mal. Fue una frenada en seco que él no supo dar, un antes y un después para hacerle volver a la realidad y conseguir, de paso, no hacerme a mi perderla. Yo, desde hacía tiempo, andaba liado con los polacos haciendo trabajillos e insistió muy enfadado que lo dejase, aunque no fuese nada más que vigilar o avisar si venía la policía... era "allanar el camino hacia el grillete" me chillaba una y otra vez. 




Nunca le había visto así, algo había cambiado en él. No podía ni mirar a mi madre a la cara más de dos segundos, y eso era del dolor y la vergüenza que sentía. Según Fénix no podía perdonarse el sufrimiento que nos había causado y el error de haberme empujado a seguir sus pasos. Yo no sabía cómo asimilar este vuelco de principios, siempre tenía en mi cabeza la intención de convertirme en algo por encima de Fénix. En un Súper-Fénix que con media sonrisa sobresaliera del resto del mundo. Es como aprender a respirar y cuando ya estas capacitado para hacerlo por ti mismo, empezar de nuevo…

A día de hoy Fénix se ha buscado un trabajo de vigilante en un parking. Trabaja 16 horas a diario, en turno de noche, por un mísero sueldo. Gracias a mi tío Alberto que pidió un enorme favor tal y como están las cosas hoy en día. Y Fénix, tan agradecido como nunca le vi. Ayer mismo después de llegar a casa me decía que lo prefiere porque con el síndrome del preso no duerme. Que necesita salir de ese agujero con todo su proceso y que no quiere ni pastillas ni nada. 



Yo intenté una última vez animarle a volver a las andadas, en cierta forma me costaba renunciar a ese proyecto tan idealizado de los hermanos mano a mano; sus lágrimas de desesperación fueron las que hicieron en mi reaccionar. Era mi frenada en seco particular. Vi miedo en sus ojos al ver que seguía intentando coger el otro camino, y motivos suficientes tenía. No quería cerrar esa puerta si veía en él un mínimo deseo de seguir adelante. Hubiera sido la hostia. Muy en el fondo tenía un rencor de no haber podido disfrutar todo lo bueno y emocionante que Fénix había vivido, incuso a sabiendas del final. Ese punto de locura en vena, descontrol y adrenalina es una puta droga. Solo recordar el brillo de sus ojos me da envidia.
Al menos a base de unas cuantas hostias bien dadas por la vida, a la fuerza, hemos aprendido todos. Fénix por hacerse adulto de repente, mi madre por aprender por primera vez a confiar en mi hermano y yo por no saltar al vacío...


Supongo que tengo que decir lo que he aprendido, mi conclusión. Bueno, pues la conclusión a la que llego es que todo acto trae consecuencias. La vida es demasiado afilada como para andar dando saltos de ventaja; tarde o temprano acabas por escurrirte y te rebanas el pescuezo.





Fénix solía decir que debería acabar el trabajo con una cita, que siempre hay alguien que lo ha hecho mejor que tú y que si no puedes superarlo róbaselo y aprovéchate. En honor a lo que un día fue creo que va como anillo al dedo usar esta pauta en este trabajo. Para terminar, me quedo con dos citas:


- Trabajar constituye un deber indispensable para el hombre social. Rico o pobre, poderoso o débil, todo ciudadano ocioso es un ladrón.  -Jean Jaques Rousseau-

- La mentira más común es aquella con la que un hombre se engaña a sí mismo. Engañar a los demás es un defecto relativamente vano.  -Friedrich Nietzsche-


viernes, 2 de enero de 2015

WE ARE FAMILY?



Esto es un chino, un cojo, un alemán y un trapecista que llegan y dicen...

¿Chiste? Solo oírlo su carga de gracia tiene, aunque se acerca bastante a un núcleo familiar del siglo XXI. Hemos pasado del retrato de los Alcántara, colocados generacionalmente por tamaño en la foto, al batiburrillo cultural y geográfico en su receta actual. El núcleo familiar a mutado, hoy en día se ha suplido el canon de los Dalton y cualquier persona puede formar parte de ese "círculo privado".


El corazón ha dejado pasar hasta el último tramo de confianza sin carnet consanguíneo. Podemos querer, dejarnos querer y dejar de querer a cualquiera pues la veda ha dejado de ser estacional; la memoria histórica se evapora para dejar silla a las personas que se quiera sentar. Un casting eterno de personas para entrar y salir en el círculo de confianza. Con pase ilimitado. Los mandamientos morales se han quedado obsoletos y nuestros caracteres tan diferentes han aprendido. Para lo bueno y lo malo. Sin ser endocrinos somos expertos en lo que "tragamos" o lo que "no tragamos" abriendo frentes, heridas, vacíos... aciertos y errores. Porque algo de ruleta rusa adquieren estos nuevos círculos. 


La libre información humana nos ha hecho críticos y no queremos aguantar si no nos aguantan, ni queremos ceder lo que no ceden por nosotros. 


Cada vez más las personas desvirtúan el conflicto y reconstruyen sus círculos. Familia, amigos, parejas y ex parejas, compañeros de trabajo o de piso, extraños que dejan de serlo, cualquiera es apto y pasa por la túrmix. Y las piezas que se eligen montan el puzle, y no a la inversa. Es como concepto revolucionario, y clarificador hasta el punto de la divinidad. El YA TODO VALE fallece y la lucha por el querer ocupa su trono. 


Ese querer tan especial que llena tu vida, abre espacio torácico y te hace dormir como un ternero. 


Y cuando lo has sentido fuera del círculo al volver a entrar ya no puede salir de tu cabeza. Te das cuenta que la soledad elegida es un alto riesgo pero no un castigo insuperable. Y asumes el volver a conocer, a acercarte, a confiar y a intentar conseguir ese grado de pureza posible en una pecera sideral llena de millones de peces con millones de formas de ser. Porque tu cerebro recita sin cesar la idea de compartir tu vida con personas compatibles. Con círculos construidos y no impuestos o estereotipados. Porque por fin hemos llegado a entender que otro punto de vista es posible, aquí o allí.


El mañana se vuelve efímero y el destino tan caprichoso que posponer tus sentimientos, sin el secreto de la inmortalidad, hace ridículo el decidir como elección una solución dentro de unos años o AHORA. Sobre todo si no quieres dejar de existir, abrumado en tu último aliento, por el castigo del futuro, el remordimiento.

viernes, 19 de diciembre de 2014

NO A LA FOTOSÍNTESIS AÑEJA.



Nacemos con espíritu de cactus, vivos a la fuerza y dependientes del tiempo de los demás. Al ser destetados (unos más tarde que otros) adquirimos nuestra lectura y la hacemos propia, con la prisa de serie para vivirlo todo en un ya. Ahí es cuando más recuerdos nos gusta acumular. 


Almacenamos experiencias como presa en estación de lluvia, soltando caudal sin mesura intentando sobrevivir al estilo de vida de nuestras figuras de referencia, sin sentir la propia. Es la agonía del plato caliente, una vez escaldado de ansia el paladar es imposible saborear el resto.


Y cuando ya estás preparado para la vida, es esta la que ha devorado tus energías, prorrogando todo a “más tarde” o “mañana”. Siempre hay un después para todo y el puto sofá se convierte en el corredor de la muerte. La costumbre del movimiento se siente perdida volviendo a ser cactus, ahora flácido y sin espinas. 


Triste no se define pues no encaja; más bien es pena, y se peca de cobarde al verlo por no juzgarse a sí mismo en un futuro. Así somos, pura justicia bucal sin frenos salvando las distancias con aquello que cuando vemos "cortar" inconscientemente ponemos lo nuestro a "remojar" y se nos pone la boquita pequeña al criticar. 


Salvo en especímenes muy concretos es un cambio propio del ecuador, y digo muy concretos porque siempre habrá casos de adolecentes Punset o ancianos Britney Spears, pero por suerte son los menos...
El tratamiento es simple, o te mueves o caducas. Llegas más o menos a los 35 años, los 40 tope, y se fragua un cambio muy paulatino pero mortal. Con frases tipo "yo ya no estoy para estos trotes" o "los años no perdonan"... puedes estar tranquila Virgen de los Desamparados y los Mustios, aquí tienes tu redil. Si en el ecuador de la vida, por así decirlo, se empieza así con sesenta años guardas las migas de pan y coges plaza en un banco de la calle para ponerte a cebar palomas. Eso si no hace mucho frío o mucho calor, entonces se tiran las miguitas por la ventana, media vuelta, y a ver Sálvame Deluxe.

Si la esperanza de vida se alarga, ¿qué acorta las ganas? Es decir, ¿Por qué se produce ese arresto domiciliario creando, como hongos, a viejas del visillo, locas de los gatos o abuelos con mirada "Carlos Sobera" que van perdonando la vida a la gente? Parece que una vida entera no es suficiente para lidiar la soledad. Para brotar lo aprendido frente al cambio y no entumecer el pánico fruto del descontrol. Viendo cada día una cuenta atrás hace inalcanzable coger el tren, sin querer entender que a veces esperar el próximo será más productivo que imitar a un becerro mareado trotando tras él. U observar su paso cuando sabemos de sobra lo imposible que se nos haría ya no cogerlo si no disfrutar del viaje. Porque es más fácil ofuscarse por no poder seguir que aprender otras formas, mas fácil sucumbir a ver "deterioro" en vez de "suma de tiempo". Tan valioso. Siendo incapaces de vivirlo y de administrarlo queriendo ver siempre la guillotina de la cuenta atrás; el tiempo es un regalo para saborear y sentir. 


El ahora suma al ayer con el mañana y nuestro bloqueo hace del tiempo el corredor de la muerte. A veces es mejor pensar las cosas una sola vez e invertir el resto en realizar, crear o simplemente en mover el espíritu. Aunque sea a dos manzanas del propio hogar siempre será provechoso… Es difícil de entender pero una existencia no puede remitirse a comer, dormir y ver la televisión o gastar la batería del teléfono móvil. Con un cuarto de cerebro sin usar no tiene que haber miedo a seguir acumulando experiencias en vez de recordar y recordar lo vivido. Será por espacio libre. Apoyo la moción, sí al HACER y no al ENJAULAR.












viernes, 5 de diciembre de 2014

SUEÑOS


Anoche tuve un sueño. 
Un sueño que empezó como las novelas negras, con un asesinato. La víctima, el tiempo. Desgarrado, ensartado y posteriormente desangrado para apagar su luz; una luz perpetua que tiende a resucitar. 

Con el cadáver a mis pies y los grilletes abiertos comencé a volar, muy alto, hasta alcanzar ese punto en que las nubes son la alfombra que pisas y la bruma el techo que separa la oscuridad y las estrellas. Un limbo gélido y borracho de paz que acunaba mi vuelo. El aire puro araba mi cabeza desgranando los problemas, los dolores de pecho fantasma y el día a día que fatiga... hasta que la demencia de libertad tomaba los mandos de mi vuelo para planear en algún lugar llamado nadie. 


Esos lugares de silencio natural y ruido acompasado, donde la tranquilidad es orquesta y el momento es el reloj que da las horas. Con los pies en modo paseo, pateando piedras, atravesaba una villa de campo oyendo un leve violín de voz salvaje y melosa que me invitaba a llegar a ningún lugar. Acompañado del que quiere acompañar, querer y escuchar me dispuse a llegar al que parecía mi destino con el sol vergonzoso, las copas de los árboles en pasadizo y la niebla fina de abrigo. 

Una posada acogedora nos abría sus puertas con vidrieras ocres que hacían las veces de farolillos, con el aroma a casero que invitaba a pasar. Ya en la mesa, con buena comida y buen vino, las carcajadas daban el tempo a la conversación culpable de quitar protagonismo a una cena para hacer interminable la sobremesa, un momento encantado donde el buen licor y las palabras danzaban entre todos estrechando el círculo,con chispa y desinhibidos por la propia definición de estar "a gusto". 

Creando silencios cómodos y miradas que erizan el cuello, absortos en una noche bella e interminable. Poco después con el síndrome de cenicienta admirábamos el cielo estrellado, conscientes de saborear ese instante mágico con la luz del tiempo mostrando signos vitales. Porque todos los buenos momentos, incluso en sueños, tienden a finalizar.


Siendo el apoderado de la realidad y despertador de mis ojos, veo como se rompe la burbuja del subconsciente para asimilar una vez mas haber soñado con un instante de perfecta armonía.


 Ahora que estoy despierto... solo queda morriña. Una astilla psicológica se queda en mi nuca, recordando de forma esporádica la posibilidad de poder repetir este cuento en la pura realidad.